Juan Villegas

Eudaimonía

Juan Villegas


La razón de la fuerza

07/03/2025

    Como otros tantos millones de personas también pude ver el vídeo de la reunión  que mantuvieron los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y Ucrania, Volodímir  Zelenski, que tuvo lugar la semana pasada, el 28 de febrero, en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Zelenski estaba sentado junto a Trump y frente a ellos el vicepresidente Vance y una sala repleta de cargos y asesores de la nueva administración republicana al lado de periodistas afines al presidente norteamericano. Sobre la mesa de negociación, para firmar,  un acuerdo de paz que supondría la humillación de Ucrania, el respaldo a la invasión rusa y la absolución del tirano Putin. Es difícil no sentir angustia viendo la cara desencajada del presidente ucraniano ante las amenazas de un Donald Trump con formas e intenciones descaradamente violentas.

     El gran edificio de la reflexión occidental  sobre la naturaleza y la finalidad  de la política tiene su puerta de entrada en un fugaz diálogo con el que Platón comienza su libro La República.

Sócrates y Glaucón se volvían hacia su casa de Atenas desde el Pireo donde habían acudido a ofrecer sus plegarias a la diosa Bendis, cuyas fiestas se estaban celebrando.  Polemarco,  que los ve marcharse, corre junto con otros amigos suyos  hasta donde está Sócrates, lo rodean  y después de que Sócrates le confirmara su intención de abandonar  aquel lugar,  queriendo Polemarco persuadirle para que aún  no se fuese le dice:  "¿has reparado cuántos somos? Pues o sois más fuertes que nosotros o permaneceréis aquí". A lo cual le responde Sócrates: "hay otro medio, que es convenceros de que tenéis que dejarnos marchar", y  Polemarco le dice: "¿Cómo podréis convencernos si no queremos escucharos?". El dilema está servido y no se ha dejado de reflexionar sobre él a lo largo de casi veinticinco siglos: ¿Es más importante tener razón o tener poder y fuerza? ¿Para qué sirve tener razón si no existe la voluntad de reconocer su valor, si no se tiene el poder suficiente para conseguir que se reconozca? ¿La polis y la ley deben sustentarse sobre la fuerza o sobre la razón y la verdad? Platón  quiso mostrar que ante este dilema lo más acertado es organizar la sociedad  sobre la justicia, a la que se llega no por la razón de la fuerza sino por la fuerza de la razón. Estas son las semillas que hicieron crecer a Europa, esta es su identidad, estos valores son los que nos definen, creer que en la convivencia la razón vale más que la fuerza y  atravesamos momentos difíciles y delicados, tiempos desconcertantes en los que  están siendo desafiados los valores sobre los que nos hemos construido.

   No vamos a ser ilusos pensando ahora que la política desde Grecia hasta hoy se ha sustentado solo sobre la legitimidad que otorga la razón y el diálogo. Desde siempre los que han tenido la fuerza han buscado tener el poder. Siempre han existido amenazas, presiones, conjuras, maquinaciones, asesinatos, guerras. La política, desgraciadamente, casi siempre más se ha parecido  a un juego de fuerzas que de argumentos y razones.  Sabemos que tras las decisiones políticas han existido  combates y luchas y no solo diálogos y argumentaciones.  No siempre el ser y el deber ser coinciden. Bien distinto es cómo deberían ser las cosas a cómo realmente son. Por eso  las formas (y la diplomacia tiene excepcional importancia en política), las leyes e instituciones son los puentes sobre los que transitar desde lo que son las cosas hacia lo que deberían ser y han significado desde siempre  un dique de contención a las embestidas de una realidad en la que como afirmó Nietzsche "no hay nada que tenga valor fuera de la fuerza y su poder".

Trump está dispuesto a volar estos puentes y el proceso ya ha comenzado, como lo explican muy adecuadamente Levitsky y Ziblatt en su conocida obra Cómo mueren las democracias. Lo que hemos podido ver que ocurrió en el Despacho Oval  es la legitimación de Polemarco frente a Sócrates, de la fuerza frente al poder de la razón.  Trump no representa solamente una política de nuevas alianzas. Trump ante los medios, en medio de un espectáculo preparado y servido a una  ciudadanía cohesionada por el odio, ha sacado el rotulador gordo y ha firmado delante de todo el mundo el decreto que da la bienvenida a un nuevo paradigma político: el de las razones  de la fuerza.