Elisabeth Porrero

Elisabeth Porrero


Esteban Beltrán en ‘Agosto 2045’

22/01/2025

La agonía está llena de esperanza/y la muerte siempre llega pronto». Esta es una de las muchas e impactantes reflexiones a las que nos invita Esteban Beltrán Verdes en su poemario 'Agosto 2045', editado por Huerga y Fierro. Esta obra se presentó el pasado viernes, 17 de enero, en la Biblioteca Pública de Ciudad Real. 
He tenido la venturosa ocasión de adentrarme en este libro, luminoso y contundente, a pesar del tema que trata, escrito por alguien tan especial y sabio como lo es Esteban Beltrán Verdes, que desde hace más de dos décadas dirige la ONG Amnistía Internacional en España. Siempre he pensado que hay personas que sienten y viven de un modo diferente, una de ellas es este autor, a quien he tenido la suerte de conocer gracias a la literatura y a quien admiro por ese gran compromiso personal y profesional que le lleva a tener como bandera la defensa de los derechos humanos. 
Él mismo confesaba que ha estado, nueve veces, a punto de morir. También nos hablaba de todos esos seres humanos maravillosos, a los que ha conocido y a los que su ONG ayuda para protegerlos de las amenazas de muerte a las que están sometidos, solo por luchar para que este mundo sea mejor.
No es extraño, entonces, que una persona que atesora esta experiencia, se haya entregado en la confección de este poemario, donde nos recomienda añadir más vida a la vida para así ser inmortales mientras habitamos este mundo. Y, por supuesto, incide en el afán que, normalmente, siempre tenemos de seguir viviendo: «He muerto aquí varias veces/ pero sigo queriendo estar aquí. / Estoy muerto, me anhelo vivo».
Decía Saramago que el alma humana es un pozo infestado de contradicciones. Este hecho queda patente en el contenido de este libro al retratar, por ejemplo, esa inmortalidad que puede alcanzarse en la vida o esa eternidad que solo alcanzan algunas personas por su forma de morir y no por la de vivir. Este último es el caso de Amanda, que fue una de las fuentes de inspiración para Beltrán. Nos lo cuenta con una cuidada prosa poética en la que resalta también la paradoja de que esta mujer, que fue logopeda, se haya comunicado de una forma especial con el mundo, a través de su muerte.
Por supuesto, uno de los puentes para alcanzar la inmortalidad es el recuerdo. No morimos mientras otros seres nos tengan en su memoria y sobre cómo lograrlo se nos regalan preciosos versos en forma de interrogantes, por ejemplo, como: «¿Cuántos recuerdos aseguran/ la derrota del olvido? /¿Puedo ser inmortal añorado/ por un solo superviviente?/¿Y cuánto debe recordarme?...¿y cómo recordarme?»
Lo que es una evidencia es que la literatura, en particular, y el arte en general transciende nuestra existencia terrenal. Por ello, Beltrán cierra este magnífico 'Agosto 2045' con un poema titulado 'La derrota' en el que homenajea al arte rupestre que ya quiso dejar las primeras muestras de inmortalidad. En esos versos, sabiamente, nos deja abiertas las siguientes preguntas: «¿Y si inventar, recrear o imaginar/ fuesen los únicos actos humanos/ capaces de derrotar a la muerte? / ¿ y si la capacidad de interpretar la vida/sobreviviera a la misma vida?».