Dicen las crónicas antiguas que ya los romanos –en su tiempo histórico- consideraban importante al celtíbero que se dedicaba en buena lid, al tema de las zorras que atacaban el ganado. Y si ahondamos en sus crónicas romanas, encontramos a cuatro gladiadores que lucharon en Contrebia Kárbica defendiendo su honor en aquellas fiestas lúdicas en que la Hispania Romana imitaba a la imperial Roma. Estos eran Román, el 'bizco' natural de la Olcadia; Malojo, de Segóbriga; Kiko el Lusitano, Hispanita, el de Tarraco y Matazorras –el de Contrebia-, así llamado, cuyo nombre de pila no fue muy conocido. Si buscamos la traducción latina, vemos que se les llamaba Slutkiller, y cuando la parte compuesta de killer aparece, no hay duda…
En aquellos tiempos, los espectadores estaban sedientos de sangre y así lo manifestaban en cada espectáculo circense. Pero la cosa, después de varios siglos, siguió siendo igual; pues en el 1961 –según las crónicas taurinas- uno de los matadores apodado 'El Fuentes' siempre tuvo espectadores deseosos de verle sufrir ante el astado, igual que sucedía con su cuadrilla –muy parecida a aquella de gladiadores romanos- pues Román Catalino era banderillero, Matazorras era el mozo de espadas –que salía hasta el mismo ruedo a entregarle el estoque a su maestro- y su hermano Pepe, el apoderado.
Pero ahora, en estos años de un siglo XXI, me siento confiado cuando oigo este apelativo o mote cariñoso, pues nos trae los recuerdos de aquellos buenos haceres que estos personajes así llamados, hacían por evitar que estos animales –abundantes por entonces- atacaran y dañaran a los muchos ganados de ovejas y cabras, del que tanta necesidad de vida había en las familias de nuestros pueblos.
Sí, señores, 'Matazorras' fue un apelativo dado a gente de mi familia, pero también, fue un apelativo cariñoso que recibía honores en el ámbito rural, por su dedicación, su logro y su buena técnica en saber enfrentarse a la zorra o zorro cuando este animal, en estado de ataque, buscaba alimento, carroña en todo caso, o carne de vida en la mayor parte de las ocasiones. Después, colgando el animal muerto a su hombro, paseaban por aquellos pueblos ganaderos para recibir el 'aguinaldo' o 'pago' por su logro profesional, tarea de la que muchos de ellos vivieron en tiempos pasados.
Y ahora, que hay tanta envidia, odio acumulado, sentimientos enfrentados, hipocresía sin límites, búsqueda de poder, 'postureo' y tantas cosas que envilecen la sociedad, los matazorras debían volver a la carga, sin ánimo de ofensa, pues serían más los matazorros necesarios, por eso de que el género se lleva mucho en estos tiempos de cambios genéticos, orgánicos o bidimensionales, pues hablar de respeto es lo que debería de primar y no tanto, de manipulación o desengaño.