Alejandro Ruiz

EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


Nala y yo

18/07/2024

Nala es una perra Golden que ha vivido en este mundo durante catorce años y siete meses aportando paz, consuelo, compañía y alegría a quienes convivían con ella, a quienes la amaban y la cuidaban. 
En la magnífica obra 'Platero y yo', Juan Ramón Jiménez expresa líricamente la pérdida y el lamento por medio de la elegía: «La belleza hace eterno el momento fugaz y sin latido, como muerto para siempre aún vivo, la vida es designada por la metonimia del tiempo, la vida está muerta para siempre pero aún sigue viva».
La vida y la muerte de Nala nos plantea de nuevo el debate sobre la riqueza y la naturaleza de la vida psíquica interior de los animales, al menos de algunos animales superiores, llevándonos a cuestionar la idea misma de la exclusividad humana del concepto de alma. Si pudiera, dada la vinculación que ha tenido con el mundo de la psicología, por la profesión de su dueña, amiga y familia, Nala escribiría un compendio sobre las corrientes modernas de la biología, de la neurología, de la psicología, de la filosofía, e incluso de las teologías, insistiendo en revalorizar la riqueza psíquica de los animales, sin duda muy cercanos al hombre emocional y cognitivamente. 
«Cuando se acerca a un jardín llamado El Vergel, acompañado por Platero, un guarda les impide pasar, pues está prohibido acceder con animales al recinto. El poeta, abatido, se marcha, pues si Platero no puede entrar por ser burro, yo, por ser hombre, no quiero entrar. Más adelante, cuando el canario de unos niños aparece muerto en su jaula, el poeta se pregunta: ¿habrá un paraíso de los pájaros? ¿Habrá un vergel verde sobre el cielo azul, todo en flor de rosales áureos, con almas de pájaros blancos, rosas, celestes, amarillos?»
Es un hecho que la relación que se establece con nuestros animales es mutua y recíproca en la segregación de oxitocina, que hace que sintamos menos estrés y nos encontremos mejor. El amor incondicional crea un vínculo puro y sincero y, al margen de algunas exageraciones y extravagancias, que de todo hay, la convivencia cotidiana y estrecha de muchas personas con determinados animales superiores, perros y gatos fundamentalmente, les ha hecho vivir una profunda comunión y especial comunicación afectiva con sus mascotas, mostrándoles su evidente dimensión psíquica constatada prácticamente por esa convivencia cotidiana. De ahí que el duelo ante la muerte de un animal querido, con el que se han forjado vínculos profundos a lo largo del tiempo, implique una respuesta emocional también profunda y natural ante los sentimientos de tristeza, dolor y confusión. 
«Pasa el tiempo y el poeta se pregunta: Platero, ¿verdad que tú nos ves?  Sí, tú me ves. Y yo creo oír, sí, sí, yo oigo en el poniente despejado, endulzando todo el valle de las viñas, tu tierno rebuzno lastimero…»