Editorial

Un escenario político que alimenta la sensación de incertidumbre del país

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El cambio de ciclo político en el que lleva ya unos años sumergido España, lejos de dar certidumbre y abrir oportunidades a la prosperidad y al desarrollo, está alimentando una involución propia de países con gobiernos inestables que lo que hacen es despertar el nerviosismo entre los inversores y retener el crecimiento, más allá de que algunos indicadores económicos parezcan estar dando alas.

La actual situación que ha propiciado el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es inaudita, dándose un tiempo de análisis de la situación para luego tomar la decisión que le pueda beneficiar más tras el inicio de una causa judicial por tráfico de influencias contra su esposa, Begoña Gómez, que aún está muy verde, y apenas se puede intuir cómo acabará.

La propia carta que hizo pública la tarde del miércoles parece obedecer más a una maniobra política calculada que forma parte de esas estrategias a las que nos tiene acostumbrados Moncloa que a una decisión personal y espontánea del presidente. El punto y seguido llegará el próximo lunes cuando Sánchez desvele el futuro.

En cualquier caso, no cabe duda de que cuando no se trabaja en fomentar el espíritu democrático sustentado en la separación de poderes y la soberanía del pueblo, pueden aparecer incómodas situaciones como esta en la que se encuentra el presidente del Gobierno. Independientemente del aspecto táctico de la decisión, la situación no es cómoda, pero tampoco responde a la altura de miras que ha de mostrar el gobernante de una nación, que parece ahora estar preocupado por el deterioro de su imagen. En este sentido, el cierre de filas que los líderes socialistas están avivando alrededor de su líder parece mostrar algunos síntomas de artificio, lo que fomenta más las dudas sobre la incomprensible situación que está viviendo el país.

Tampoco ayuda a dar luz sobre el escenario la posición de los socios que sustentan a Pedro Sánchez, a las puertas de unas elecciones que parece pueden ser decisivas. Están dirigiendo la voluntad del presidente hacia la moción de confianza porque saben que es la única manera de culminar la amnistía y, quien sabe, si de llegar más lejos en el anhelo independentista. Una moción de confianza que, en el caso de celebrarse, parece tener un final previsible y no sería sino un cierre en falso de una crisis que lo único que habría conseguido sería unos días de margen para dar una oportunidad al relanzamiento y fortalecimiento de la figura de Sánchez.

Lo que sí está consiguiendo este revuelo es ahuyentar las buenas expectativas que ha podido hilvanar España tras la crisis y cebar la incertidumbre que no permite a un país seguir avanzando.