El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el pleno sobre la propuesta de rearme en la Unión Europea, tras la amenaza latente de Rusia y la despreocupación de Estados Unidos sobre la defensa de Europa, se ha comprometido a que el incremento del gasto en defensa no se realizará a costa de las inversiones en el Estado del Bienestar, e irá seguido de la aprobación de un Plan Nacional para el Desarrollo e Impulso de la Tecnología y la Industria de la Seguridad y Defensa españolas, para que las empresas españolas se beneficien de las inversiones que van a ser precisas para conseguir la autonomía defensiva de Europa. Sánchez dijo que llevará al Congreso cualquier incremento del gasto, y se mostró partidario de la creación de un ejército europeo.
El jefe del Ejecutivo se acogió a la ausencia de un plan definitivo de la Unión Europea sobre la financiación del gasto que se ha de acometer, o la compra de sistemas de armas conjuntos o la interoperabilidad de los ejércitos para evitar hablar sobre los fondos que será preciso aportar para cumplir con el gasto que se decida. O sea, Sánchez ha realizado un ejercicio de pedagogía europeísta y de la necesidad de la defensa de los valores europeos sin las concreciones que se le demandaban sobre la cuantía de la factura y de dónde saldrán los fondos.
La intervención de Sánchez, que llega tarde en relación con el debate desarrollado en otros países ha sido contestada por el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo con una intervención que hubiera servido para cualquier asunto que el jefe del Ejecutivo hubiera llevado al Congreso, al insistir en la imposibilidad de llegar a cualquier acuerdo mientras Sánchez se encuentre en la Moncloa y en la negativa a socorrerlo ante la división de sus socios, a pesar de la evidencia de que ambos partidos están en la misma longitud de onda respecto al incremento del gasto en defensa y su europeísmo. Feijóo reclama, critica, denigra al Gobierno escudado en que no tiene obligación de explicar su proyecto y utilizó su comodín de exigir elecciones generales ya. Desde Vox, Santiago Abascal, subrayó que entre el PSOE y el PP son más las coincidencias que las discrepancias sobre el gasto en defensa.
Las posiciones de los socios del Gobierno y los aliados parlamentarios de Sánchez han mantenido posiciones dispares sobre el debate armamentístico, desde la contundente oposición al incremento del gasto de Podemos y EH Bildu, a unas posiciones más comedidas de los independentistas catalanes, los de Junts, hablando de sus cosas, y Gabriel Rufián, de ERC, afirmando que "no hay que gastar más en defensa, hay que gastar mejor", mientras que el portavoz del PNV, Aitor Esteban, ponía sentido común y subrayaba que la cuestión prioritaria debería ser la búsqueda de una estrategia europea común, tanto en defensa como en política exterior. Y Sumar, entre tanto, haciendo equilibrios porque debe compaginar su posición antiatlantista con su pertenencia al Gobierno de Sánchez y por eso, salvo los consabidos reproches antimilitaristas, su discurso pareció en algún momento muy similar al de Sánchez cuando su portavoz hablaba de que Europa debe hacer frente a "las amenazas complejas" que van más allá de las puramente bélicas, pero con la premisa de que no debe hacerse a costa del gasto social.
En definitiva, Sánchez ha realizado un ejercicio de pedagogía europeísta y de la necesidad de la defensa de los valores europeos sin las concreciones que se le demandaban sobre la cuantía de la factura y de dónde van a salir los fondos, amparado en que todavía la UE no ha dicho la última palabra sobre lo que pretende.